¿Realmente podría haber ganado EE.UU. la guerra de Vietnam?

Es posible, pero los políticos estadounidenses decidieron acertadamente que el coste no valía la pena

¿Realmente podría haber ganado EE.UU. la guerra de Vietnam? ¿Realmente podría haber ganado EE.UU. la guerra de Vietnam?
Mark Moyar, una eminencia en política exterior y militar de EE.UU., tuvo hace poco la oportunidad de actualizar un antiguo argumento sobre la viabilidad... ¿Realmente podría haber ganado EE.UU. la guerra de Vietnam?

Mark Moyar, una eminencia en política exterior y militar de EE.UU., tuvo hace poco la oportunidad de actualizar un antiguo argumento sobre la viabilidad de la guerra de Vietnam.

Moyar sostiene que la postura histórica sobre la guerra es errónea en varios aspectos y que realmente Estados Unidos podría haber ganado la guerra y mantener el gobierno de Saigón con un coste aceptable [por Saigón se hace referencia a Vietnam del Sur y por Hanoi a Vietnam del Norte, como sus respectivas capitales].

Aunque los argumentos de Moyar son dignos de consideración, siguen sin llegar a refutar la postura histórica sobre la guerra.

Mitos

Mark Moyar logra derribar algunos típicos mitos. Vietnam del Sur era un estado-nación viable hasta 1972, afligido por una oposición interna armada, pero sin llegar a anularlo. La capacidad de combate de las fuerzas pro Hanoi en el Sur había resultado gravemente herida en 1968 y nunca se recuperaría.

Con la colaboración de EE.UU., Vietnam del Sur fue capaz de desbaratar e incluso darle la vuelta a las ofensivas orquestadas por Vietnam del Norte.

A diferencia de las representaciones contemporáneas, el gobierno de Saigón era en general más democrático y menos represivo que su homólogo de Hanoi. Al final la guerra no fue tan impopular en Estados Unidos como la memoria histórica parece indicar.

Soldados del Ejército de Tierra de la República de Vietnam ─del Sur─ en 1961. Foto de la U.S. Information Agency [agencia de información estadounidense]

Realidades

Pero eso no quería decir que Vietnam del Sur pudiera sobrevivir por sí sola, ni que hubiera una posibilidad a medio plazo de que el gobierno de Saigón alcanzara el grado de autosuficiencia del que gozaba, por ejemplo, el gobierno de Seúl en los años ochenta.

El gobierno de Hanoi contaba con varias ventajas importantes respecto a su homólogo de Saigón, incluso después del desastre de 1968. La maquinaria estatal represiva de Hanoi le permitía reprimir la disidencia interna y acabar con todo potencial opositor interno de una manera que Saigón no podía. El gobierno de Saigón padecía un conflicto faccional típico de las democracias nacientes, así como una insurgencia sólida ─si no ya inevitablemente fatal─.

Por razones con ello relacionadas, Hanoi desplegaba fuerzas de combate normalmente más eficaces que las de Saigón.

Se ha exagerado la desdicha del Ejército de Tierra de la República de Vietnam ─del Sur─ [Army of the Republic of Vietnam (ARVN)], cuando tanto la observación extranjera como la experiencia militar directa demostraron que se esforzó por enfrentrarse en igualdad de condiciones a su homólogo del norte, incluso al combatir en su propio territorio.

Mientras que los patrocinadores extranjeros ─Francia y EE.UU. de Saigón y China y la URSS de Hanoi─ surtieron de material y experiencia a sus respectivos patrocinados, las fuerzas norvietnamitas heredaron una tradición militar más fuerte y mantuvieron esa ventaja durante todo el conflicto.

Hanoi contaba además con la ventaja de poder subir y bajar la escala de la fuerza a su voluntad. Las fuerzas militares estadounidenses podrían haber intervenido activamente con medidas para impedir parte del apoyo del norte al Viet Cong, mediante la ocupación de puntos clave a lo largo de la Ruta Ho Chi Minh ─política por la que ha abogado Moyar─ pero sin poder llegar a aislar completamente el Norte del Sur.

A través de infiltraciones terrestres, marítimas y extraterritoriales, Hanoi podría haber continuado apretando y aflojando a Saigón ─y Washington─ de forma que EE.UU. se habría esforzado por responder.

Moyar deja a un lado la mayoría de las preocupaciones por el descontento social estadounidense y señala acertadamente que había más apoyo a la guerra de lo que comúnmente se creía, pero sugiere erróneamente que una retórica más enérgica por parte del gobierno estadounidense podría haber solucionado el problema social.

Existió una férrea oposición a la guerra (existen muchas razones para creer que el apoyo a la guerra se produjo sobre todo a través de la desaprobación tribal de aquellos que se oponían a la guerra). El Presidente Richard Nixon no encontró prácticamente oposición alguna frente a su abandono de Vietnam del Sur en 1972, y en 1975 Gerald Ford se enfrentó a fuertes presiones a la hora de generar cualquier apoyo importante para volver a entrar en el país.

En 1968 ambos candidatos presidenciales abogaron en sus campañas por desvincularse, y lo mismo hicieron en 1972, con el pretexto de que eran muy pocos los que veían cualquier ángulo político interno en escalar la guerra.

Es más, la experiencia en Irak y Afganistán insinúa el poco potencial de una gran estrategia retórica; la guerra de Irak se hizo cada vez menos popular, a pesar de que el gobierno de Bush duplicara continuamente los esfuerzos; los gobiernos de Bush, Obama y Trump han mantenido el apoyo a las operaciones en Afganistán principalmente para mantenerlas lo más lejos posible de las primeras páginas.

Soldados estadounidenses en Vietnam. Foto del archivo sobre Vietnam de la Texas Tech University [Universidad Tecnológica de Texas]

¿Podría haber ganado EE.UU. la guerra?

En un sentido totalmente banal, EE.UU. podría haber ganado la guerra de Vietnam si hubiera invadido el Norte, se hubiera apoderado de sus núcleos urbanos, hubiera puesto a todo el país bajo el control del gobierno de Saigón y hubiera llevado a cabo una campaña contrainsurgencia destructiva durante un indeterminado número de años.

El gobierno estadounidense podría haber ignorado la disidencia doméstica o haber intervenido activamente con medidas para reprimirla.

En un sentido un poco menos banal, EE.UU. podría haber mantenido una asociación de defensa a largo plazo con Vietnam del Sur, a través de la cual aportar armas, medios aéreos y, en ocasiones, fuerzas terrestres para defenderse tanto de incursiones menores como de invasiones a gran escala desde el Norte.

A pesar de la capacidad del Norte para alterar la política en el Sur, posiblemente Washington habría mantenido unido a Vietnam del Sur el tiempo suficiente para que éste desarrollara una fuerte economía interna, una sólida conexión social con su población y unas fuerzas armadas profesionales capaces de derrotar al Norte en combate.

Esta política habría resultado muy costosa y solo habría servido para reducir ligeramente las protestas domésticas contra la guerra. Es totalmente posible que los esfuerzos se hubieran prolongado más allá de la propia Guerra Fría.

Marineros vietnamitas en posición de firmes para revista durante una visita de funcionarios estadounidenses en 2015. Foto del Ministerio de Defensa estadounidense

¿Pero por qué?

Rara vez se gana una guerra al dictar los términos en la capital enemiga ocupada. En 1972, los líderes políticos estadounidenses tomaron la tardía decisión de que cualquier beneficio fruto de una mayor contribución a Vietnam no compensaba los costes en material, disenso nacional y reputación internacional.

Estos líderes políticos llegaron a la conclusión de que mantener el compromiso de EE.UU. con Europa, el Norte de Asia y Oriente Medio era mucho más importante para la lucha contra la Unión Soviética que continuar combatiendo en el Sudeste Asiático.

Continuar la guerra habría supuesto otros costes. La conquista de Vietnam del Sur por parte de Hanoi fue violenta y despiadada, acabó con la vida de miles de personas y muchas otras se vieron obligadas a huir como refugiados. Pero continuar luchando contra el Norte seguramente también habría sido dramático, sobre todo si hubiera involucrado medidas coercitivas directas contra Hanoi. Los esfuerzos por interrumpir la Ruta Ho Chi Minh habrían supuesto combates más intensos en Camboya y Laos.

Por último, merece la pena tener en cuenta el contexto estratégico más amplio.

La ruptura chino-soviética demostró de manera concluyente que el “bloque socialista” no tenía nada de bloque. Los estados comunistas podían discrepar entre ellos de forma violenta. Ho Chi Minh y sus sucesores pudieron haber sido, como apunta Moyar, “comunistas doctrinarios”, pero el propio Vietnam invadió otro estado comunista en 1977 y entró en guerra con uno de sus antiguos patrocinadores en 1979.

La “pérdida” estadounidense del Sudeste Asiático no tuvo un efecto apreciable en el más amplio equilibrio estratégico entre Moscú y Washington, conclusión a la que habían llegado los europeos en algún momento a finales de los años sesenta.

A día de hoy Hanoi mantiene el control de todo Vietnam. Este gobierno ha demostrado ser el más receptivo de todos los estados del Sudeste Asiático a los esfuerzos estadounidenses por frenar el expansionismo chino (y la relación militar entre Hanoi y Washington aumenta diariamente).

Este gobierno también estuvo al frente de la ya desaparecida Asociación Transpacífica [Trans-Pacific Partnership], que supuso un esfuerzo por trasladar las reglas económicas estadounidenses a la región de Asia-Pacífico. Nunca ha de banalizarse la tragedia humana de la destrucción de la República de Vietnam, pero el significado estratégico de su pérdida resultó, a la larga, trivial.

Tal y como decidieron finalmente los políticos estadounidenses, el juego simplemente no valía la pena.

Este artículo fue publicado por primera vez en The National Interest.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.