Los guerreros celtas no entregaron España a los romanos sin luchar

WIB history February 19, 2017 War Is Boring 0

Un figurante interpreta a un soldado romano de caballería. Foto de Codrin.B vía Wikimedia Las espadas con forma de hoz y las tácticas de...
Un figurante interpreta a un soldado romano de caballería. Foto de Codrin.B vía Wikimedia

Las espadas con forma de hoz y las tácticas de guerrilla tiñeron Roma de sangre

por ROBERT BECKHUSEN

Antes de que surgiera el Imperio Romano, los celtas eran los guerreros más destacados de la franja de Europa que iba desde el actual Portugal hasta los Balcanes. No aceptaron fácil ni lentamente la derrota y el sometimiento.

Por supuesto, los antiguos celtas no eran una fuerza militar cohesionada. Las tribus variaban en organización social, tecnología y tácticas militares. Pero eran guerrilleros altamente cualificados y expertos jinetes que cabalgaban a la batalla para luchar e impresionar.

Una típica maniobra celta consistía en montar en carros de caballos para encontrarse con un ejército enemigo, bombardear a sus oponentes con lanzas y luego saltar a tierra para luchar a pie. Puede que esta táctica inicial no ocasionara muchos daños directos, pero ver los carros acercarse y escuchar el ruido de las ruedas resultaba muy intimidatorio.

Los celtíberos, pueblo híbrido de la España antigua, también ofrecieron resistencia a la colonización romana durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Púnica, cuando Roma derrotó a Cartago en el año 201 a. C.

Antes de la guerra Cartago gobernaba sobre más de la mitad de Iberia y entre sus filas se encontraban combatientes celtíberos, pero las tribus no estaban para nada unidas en su respaldo al régimen del norte de África. La alianza de Roma con las tribus celtas independientes contribuyó a expulsar a Cartago de la península.

Sin embargo, esta alianza de oportunidad no duraría y Roma se encontraría una vez más en guerra. Los celtíberos obligaron a los romanos a pagar un alto precio por ello en una guerra de desgaste en un tiempo en el que otras guerras terminaban tras unas cuantas grandes batallas, según el libro Celtic Warriors: 400 B.C.-A.D. 1600 [Guerreros Celtas: 400 a. C. — 1600 d. C.] de Tim Newark.

Falcata ibérica. Foto de Larry Wentzel a través de Flickr

Sus descripciones de las guerras celtíberas son una lectura salvaje. “La guerra en España fue una sucesión de campañas no concluyentes que se prolongaron durante la mayor parte del siglo II antes de Cristo”, escribió Newark en su libro. “La incompetencia militar romana y la crueldad resultaron especialmente marcadas y provocaron controversia entre los políticos de Roma”.

Durante un asedio romano a un castro celtíbero en el año 136 a. C., los romanos se quedaron sin aprovisionamientos y, dado que al parecer no habían planeado que se produjera tal circunstancia, huyeron sin evacuar a sus heridos y enfermos. Los celtas les persiguieron y acabaron con ellos.

Los pobres y desposeídos de la península se convirtieron en bandoleros a medida que la guerra devastaba las tierras de cultivo y acababa con el comercio, y el general romano Tito Didio engañó y después masacró a toda una tribu que había recurrido a tal práctica para poder alimentarse.

Fue terrible, y militarmente estúpido, dado que la masacre provocó una mayor rebelión. Los celtas, provistos de falcatas de hierro en forma de hoz, cortaron muchas cabezas romanas.

“Dueños de su propio paisaje montañoso y arbolado agotaron a sus enemigos a base de ataques y escaramuzas implacables. Nunca se quedaban lo suficiente como para entablar una gran batalla, pero humillaron la reputación de muchos generales romanos… Cuando [Publio Cornelio Escipión] llegó a España como comandante general [en el año 134 a. C.], se encontró con un ejército romano profundamente desmoralizado. La disciplina era inexistente. Prostitutas y vendedores, además de videntes, tuvieron que ser expulsados ​​de los campamentos militares. Los soldados habían recurrido a la astrología para detectar cualquier señal de victoria”.

Escipión, nieto del famoso general romano Escipión el Africano, reconstruyó los ejércitos romanos en España y se dispuso a sitiar la ciudad clave de Numancia, que albergaba a 8.000 guerreros celtas.

Un sitio anterior a la ciudad fracasó cuando los celtas hirieron a uno de los elefantes de guerra romanos que acto seguido se dió la vuelta y corneó a sus amos, lo que provocó el pánico en los otros elefantes del ejército romano, que huyeron descontrolados. Esta vez Publio Cornelio Escipión tenía como objetivo dejar sin comida a la ciudad de Numancia hasta que se rindiera, para lo que construiría una valla de madera de nueve kilómetros de largo alrededor de la ciudad, con torres de vigilancia y fosos.

El hambre no era su única táctica. Además Publio ofreció su ayuda a tribus celtas más pequeñas de la zona, que vieron la oportunidad de acabar con los relativamente más poderosos numantinos. Su fuerza combinada alcanzó los 60.000 efectivos, de los cuales sólo 20.000 eran legionarios romanos.

Trece meses después, en el año 133 a. C., finalizó el sitio a la ciudad, con los numantinos supervivientes cerca de la muerte y habiendo recurrido al canibalismo.

En su libro Newark describe sin rodeos lo que sucedió después.

“A Escipión no le conmovió lo más mínimo el espectáculo. Después de elegir a cincuenta guerreros para si mismo, vendió como esclavos a los demás numantinos y le prendió fuego a la ciudad”.

Esa fue la última gran batalla de las guerras celtíberas. El término defensa numantina se perpetuó como expresión de una resistencia suicida y determinada hasta el extremo.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.


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