La sniper Lyudmila Pavlichenko acabó con más de 300 hombres, y ahora hay una película sobre ella

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Captura de pantalla de la película ‘La Batalla por Sebastopol” La película “La Batalla por Sebastopol” resulta menos impactante que el tema del que trata...
Captura de pantalla de la película ‘La Batalla por Sebastopol”

La película “La Batalla por Sebastopol” resulta menos impactante que el tema del que trata

por SEBASTIEN ROBLIN

La película de 2015 La Batalla por Sebastopol refleja la verdadera historia sobre cómo Lyudmila Pavlichenko, una mujer sniper soviética que acabó con más de 300 soldados del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en amiga de la primera dama de los Estados Unidos.

Ese tema de por sí ya resulta lo suficientemente emocionante como para que valga la pena aguantar los diálogos tan pesados de La Batalla por Sebastopol y la narración irregular de los hechos para llegar a apreciar la historia de feminismo, violencia, triángulos amorosos en tiempo de guerra y estrés post-traumático.

En realidad, la condenada lucha soviética por conservar el sitiado puerto de Crimea no constituye el objetivo de este filme ruso-ucraniano. El título original en ruso, Indestructible, resulta mucho más apropiado.

En el transcurso de tan solo un año, Lyudmila acabó con 309 soldados enemigos como mínimo. Esos son más muertos que los de todas las películas de Rambo juntas. Y éstas son únicamente las muertes confirmadas observadas por un tercero. Además, Pavlichenko no computa sus dos primeras bajas, dado que fueron fruto de “disparos de prueba”.

Pavlichenko resultó herida en combate hasta en cuatro ocasiones y fue evacuada en submarino tras la caída de Sebastopol para conseguir apoyos en Estados Unidos para un segundo frente. Fue allí donde entabló una estrecha amistad con Eleanor Roosevelt, lo que la llevó a que la primera dama le devolviera la visita reuniéndose con ella en Moscú en 1958.

En las escenas curiosamente burguesas de antes de la guerra, la actriz Yuliya Peresild realiza un gran trabajo al interpretar a una Pavlichenko marimacho y estudiante sobresaliente, una chica que prefería desafiar a sus compañeros de clase en una competición en el campo de tiro que no ir con ellos al cine. A pesar de no haber disparado nunca antes un arma, demuestra tal habilidad natural para el tiro que la envían a una escuela especial de tiro.

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Pavlichenko se alista inmediatamente y renuncia a su compromiso con un amable pero torpe médico jovencito. En realidad se casó con él e incluso tuvieron un hijo juntos antes de la guerra.

La película transcurre de aquí para allá entre su carrera como sniper en las batallas de Odessa y Sebastopol y su creciente amistad con Roosevelt mientras se esfuerza por presentarse ante los medios estadounidenses.

Por desgracia, la vida romántica de Pavlichenko acaba llevándose la atención de la historia mucho más que sus hazañas en el campo de batalla. Sebastopol cuenta sus relaciones con tres hombres, el doctor pacifista, que presta servicio con ella en la zona de combate de Sebastopol, su mentor en combate y su observador y compañero íntimo, Leonid Kursenko.

La película deja entrever que se siente más atraída por la violencia de estos dos últimos, pero a pesar del cansino triángulo amoroso que se saca a relucir no una sino dos veces, todos muestran un cariño sincero entre ellos y Pavlichenko no tiene remordimientos por buscar su propia felicidad en estas relaciones.

En La Batalla por Sebastopol abundan otros problemas. Los intentos del guión por explicar claramente sus dilemas, tanto políticos como de pareja, desembocan en unos diálogos muy raros nada naturales, que empeoran por la falta de actores nativos de habla inglesa en las escenas en Estados Unidos.

El desarrollo de los dos hilos argumentales resulta irregular y sus explicaciones dispersas. En ningún momento se intenta mostrar la crueldad de la invasión alemana de Ucrania, que Pavlichenko describió gráficamente en sus propios discursos y que tanto debe haberla motivado. “Bebés asesinados, mujeres y niñas violadas por las bestias hitlerianas”, dijo en un momento dado de su vida real.

La incorporación de fragmentos de música pop en el audio de algunas escenas (en una de ellas esa música acompaña de forma surrealista las imágenes de nazis abatidos de un disparo en la cabeza) también desmerece la película.

Captura de pantalla de la película ‘La Batalla por Sebastopol”

No obstante, la película aborda de lleno la cuestión de la condición de mujer de Pavlichenko. En una escena, un sargento de instrucción tira al fuego los zapatos de tacón y los peluches de sus reclutas mujeres. En otra, Pavlichenko se defiende del intento de abuso sexual de un soldado que no acepta un “no” por respuesta.

El novio de Lyudmila intenta disuadirla en varias ocasiones de entrar en combate, y más tarde de que vuelva a combatir. Los medios de comunicación estadounidenses la critican por no ser suficientemente femenina.

En su primer combate, a Lyudmila casi le da un ataque de nervios bajo el fuego de artillería, hasta que la muerte de unos soldados que tenía cerca le obliga a ponerse las pilas. Se convierte en una máquina de matar imparable. Cuando ella y su compañero abaten a unos alemanes que celebran la Navidad se le dibuja una sonrisa inquietante en la cara.

Sebastopol nos hace preguntarnos cómo se convirtió Lyudmila en una implacable “Reina de la Muerte”, pero la película no resulta demasiado inteligente como para ofrecer ninguna explicación.

Durante décadas, uno de los argumentos utilizados en contra de incluir mujeres en unidades de combate se basaba en que las mujeres carecen de ningún tipo de instinto asesino. Pero está claro que Pavlichenko, y las miles de mujeres sniper que combatieron en la Segunda Guerra Mundial, poseían alguna cualidad que les permitía mirar fijamente a inocentes soldados a través del visor de un fusil y condenarlos a muerte.

Sin embargo, la guerra traumatiza a Pavlichenko. A pesar de su incomparable fortaleza (una vez, tras ser alcanzada en toda la espalda por las esquirlas de una granada de mortero, lleva a un compañero mortalmente herido a cuestas durante todo el camino hasta el hospital de campaña), en la película podemos ver todas sus cicatrices, tanto físicas, por la metralla y los proyectiles de fusil, como psicológicas, por la neurosis de guerra y la pérdida de seres queridos.

En una escena conmovedora, Pavlichenko le enseña a Roosevelt cómo preparar una sopa de remolacha [borscht] y se pinta las mejillas con el líquido de la remolacha, pero el traqueteo de una olla le provoca a Pavlichenko un ataque de estrés post-traumático.

Aparte de las tramas románticas, en realidad la mayoría de las escenas de Sebastopol son fieles a la propia historia de Pavlichenko, que resulta una lectura fascinante. La película incluso pasa por alto algunas anécdotas extraordinarias, tales como cuando los alemanes intentaron convencerla para que desertara, llegando a prometerle por megafonía el rango de oficial y delicias de chocolate (no, no estoy exagerando esa última parte).

Las escenas de combate son puntuales y cortas, pero logran plasmar brillantemente hasta qué extremo llegaban los snipers para camuflar sus posiciones y conseguir disparos perfectos. Es una pena que no se le dedique más tiempo a enseñar la paciencia inhumana y la astucia que requiere el trabajo de sniper. Lyudmila explicó que en una ocasión estuvo acechando a un sniper alemán durante tres días antes de dispararle ni una sola vez. “Al final, se movió más de la cuenta”, comentó en una ocasión.

En total acabó con 36 snipers del Eje.

Lyudmila Pavlichenko

Por desgracia, la cámara suele centrarse en primeros planos y rara vez trata de abarcar todo el escenario en el que transcurre la acción. Pero cuando la cámara nos permite disfrutar de un plano amplio de la estepa ucraniana o la costa gris de Crimea, las vistas son magníficas, como en una escena en la que llueven proyectiles de mortero sobre un campo de flores de lavanda.

La escena de acción más destacada consiste en un ataque aéreo impresionante sobre una formación de buques soviéticos que evacúan la ciudad de Odessa, el cual retrata la única batalla naval en este lado del frente del Este.

Las escenas con Pavlichenko y Roosevelt presentan a la primera en una pelea entre sus identidades de soldado y de mujer. Seguramente debe haber ayudado que Eleanor no fuera precisamente un modelo de conformidad de género. Con el tiempo su amistad le propociona a Lyudmila la confianza para recitar esos discursos tan elocuentes que dió en Chicago en los que abogaba por una mayor participación de EE.UU. en el teatro europeo de la guerra.

El encuentro de Lyudmila con el cantautor estadounidense Woody Guthrie también aparece representado en la película. Éste compuso una canción, “Miss Pavlichenko”, sobre sus hazañas.

En cualquier caso, la película no resulta lo suficientemente crítica con la prensa estadounidense. Durante la gira de Pavlichenko por EE.UU., el periódico The New York Times la criticó por no maquillarse. Los periodistas le preguntaron si se rizaba el pelo o se pintaba las uñas. Uno le reprochó lo largo de la falda, insinuando que eso la hacía parecer gorda. Un columnista del Washington Post le criticó por su “falta de estilo”.

Pero en lugar de sentirse presionada por las expectativas de su feminidad, Lyudmila se volvió más desafiante y criticó la desigualdad de género en los Estados Unidos. “Ahora [en los Estados Unidos] se me considera como una curiosidad… En la Unión Soviética, se me considera como una ciudadana, una combatiente, una soldado de mi país”.

Hay que tener en cuenta que La Batalla por Sebastopol, coproducción ruso-ucraniana, estuvo a punto de no ver la luz por culpa del conflicto en la península de Crimea. Pavlichenko era ucraniana y prestó servicio en una unidad del ejército soviético que defendía el sur de Ucrania.

Se la considera una héroe en ambos países. Aunque la película no refleja la tensión entre Rusia y Ucrania, se trata del recordatorio de una época en la que ambos países lucharon juntos contra un enemigo común.

La Batalla por Sebastopol no es una gran película, pero si que es grande de lo que trata. Aunque el auténtico mensaje está un poco confuso, la película nos cuenta lo que necesitamos saber para concluir que Pavlichenko fue en distintos momentos y en diferentes grados una mujer, una asesina de 300 hombres, una amante, una gran oradora e incluso una intelectual, que llegó a convertirse en historiadora.

Las expectativas sociales podrían haberla limitado a ser únicamente lo primero, una mujer, pero era demasiado decidida como para permitir que otros decidieran eso por ella.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.