La letal historia del Kalashnikov

WIB land October 23, 2016 0

Fusil AKMS, modelo modificado del infame AK-47. Foto de Vitaly V. Kuzmin Los fusiles tipo AK persistirán en cualquier conflicto a lo largo de las...
Fusil AKMS, modelo modificado del infame AK-47. Foto de Vitaly V. Kuzmin

Los fusiles tipo AK persistirán en cualquier conflicto a lo largo de las próximas décadas porque son baratos, simples y fiables

por BLAKE FRANKO

Hace unos días combatientes del Ejército Libre Sirio (ELS) [Free Syrian Army (FSA)] expulsaron de una ciudad cerca de la frontera turca a las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses, dedicándoles insultos tales como “infieles”, “cruzados”, “perros” y “cerdos”.

Estos combatientes, que se están beneficiando activamente del apoyo estadounidense, empuñaban el arma más conocida de todos los tiempos, el Kalashnikov. No se puede subestimar el poder de esta imagen.

Gracias, y no en poca medida, a las industrias del cine, la televisión y los videojuegos, la mayoría de la gente asocia el AK-47 con terroristas tiránicos, cárteles de la droga perversos y rebeldes rabiosos. De hecho, el mediático uso del Kalashnikov en el tiroteo con la policía de Dallas y en el ataque del Estado Islámico contra París refuerza este vínculo.

Fabricado en un principio para dotar a las Fuerzas Armadas soviéticas y como herramienta para propagar el comunismo por todo el mundo, actualmente existen en circulación más de 75 millones de Kalashnikov y sus variantes, fabricados por casi 100 países. Se trata de un fusil fácil de fabricar, fácil de utilizar y fiable, todo lo cual hace que resulte tan eficaz.

El AK ha dejado huella en innumerables conflictos en prácticamente todos los continentes. La historia de este arma constituye una historia de uso extensivo en el campo de batalla, saturación del mercado y ventas de armas nada recomendables.

Comando de las VDV rusas [fuerzas aerotransportadas], que no ha de confundirse con Rambo. Foto de Vitaly V. Kuzmin

Para entender cómo el AK ha llegado a alcanzar la importancia que ostenta actualmente, uno tiene que repasar el contexto en el que fue diseñado. Mikhail Kalashnikov incorporó en el diseño de su fusil homónimo algunas lecciones aprendidas durante la Segunda Guerra Mundial.

Los soviéticos descubrieron durante la guerra que sería ideal disponer de un cartucho de calibre intermedio para las tropas de primera línea. Con un cartucho de calibre intermedio resulta mucho más fácil realizar secuencias rápidas de disparos que con los cartuchos de gran calibre utilizados habitualmente en aquella época, además de tratarse de un cartucho considerablemente más pequeño y ligero, lo cual permite que un soldado pueda llevar encima una mayor cantidad de munición.

Los alemanes desarrollaron su propio cartucho, el 7'92 milímetros Kurz, para un fusil denominado Maschinekarabiner 42, que finalmente se convirtió en el StG 44.

Este arma se caracterizaba por una cadencia de fuego considerablemente elevada y un cartucho más grande que el de un subfusil, pero aún así resultaba más ligero que una ametralladora. El StG 44 destacó notablemente por encima de las armas utilizadas por los soviéticos durante la guerra, principalmente el subfusil PPSh (con una elevada cadencia de fuego pero calibre de pistola) y el fusil Mosin-Nagant (de gran calibre pero con un mecanismo de disparo de repetición por cerrojo).

A la vista de la utilidad práctica del fusil alemán, los soviéticos se pusieron a diseñar su propia versión de dicho fusil. El resultado final, el AK-47, permitió a los soviéticos salvar la distancia en capacidad entre las diferentes armas que más se utilizaron durante la guerra.

Además los soviéticos buscaron un arma de fuego que fuera resistente, barata y fácil de fabricar.

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Las condiciones del campo de batalla en el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial resultaron especialmente duras y requirieron armas tremendamente resistentes. Kalashnikov diseñó un fusil capaz de funcionar con mucha suciedad gracias a unas tolerancias muy amplias.

Esto permitía al AK disparar con precisión solo hasta unos pocos cientos de metros, pero resistir un abuso enorme. El hecho de que un fusil de su reducido tamaño fuera capaz de proporcionar potencia de fuego, resistir en las condiciones más duras y disparar con fiabilidad supuso un gran punto de inflexión a finales de los años 1940 y se convirtió en el estándar moderno.

Además el AK-47 era barato y requería muy pocos materiales para fabricarlo. Para ganar la guerra hace falta algo más que acabar con el enemigo; la eficiencia de costos resulta fundamental. Las futuras versiones del fusil (principalmente la familia AKM) se limitaron a abaratar y simplificar su fabricación gracias a técnicas de producción simplificadas.

Durante la Guerra Fría el AK dotó a los proletarios de todo el mundo de los medios para levantarse en una insurrección comunista. Esta mentalidad, el que una persona siempre ha de estar preparada para la guerra y continuar la revolución, convirtió la fabricación de armas en un componente central de las economías planificadas socialistas. Moscú entregó millones de AKs, RPKs, PKMs y otras variantes del Kalashnikov a países socialistas amigos.

La gracia de un dispositivo tan sencillo radicaba en que los soviéticos también podían vender los planos del fusil, de tal forma que el fusil podía fabricarse localmente. Casi cualquier país podía fabricar el AK-47 y sus derivados.

El primer uso militar generalizado del AK fue Vietnam. Los soldados estadounidenses comprobaron su eficacia de primera mano, dado que los campesinos armados con este fusil demostraron ser un tenaz enemigo. Washington se tomó muy en serio esta experiencia y se puso a diseñar el AR-15 (que se convertió en el M-16) con tales lecciones en mente.

Con ello Estados Unidos logró dotar a sus soldados de un fusil que era más ligero y al mismo tiempo capaz de proporcionar fuego de supresión. De hecho Estados Unidos se despidió de los fusiles de gran calibre como el M-14 como fusil de infantería reglamentario y siguió el modelo soviético.

Soldados del Ministerio del Interior ruso durante unas maniobras en 2014. Foto de Vitaly V. Kuzmin

El alcance del AK y otras armas inspiradas en él fue tal que se convirtió en el combustible de la mayor parte de los enfrentamientos violentos de la Guerra Fría.

El Salvador de los años 1980 representa un claro ejemplo del alcance global del AK, tal y como describe C.J. Chivers en su libro The Gun, que narra detalladamente la historia del fusil y su impacto en el mundo. En un principio las guerrillas comunistas que operaban en el país combatían con armamento local arcaico y cualquier excedente militar que pudieran encontrar.

Posteriormente las fuerzas del Gobierno empezaron a enfrentarse con rebeldes dotados de variantes de AK procedentes de Corea del Norte, Alemania Oriental y Yugoslavia, con munición de origen cubano.

Esta red de aprovisionamiento demostró que el modelo soviético de exportación de armas portátiles a países socialistas de todo el mundo funcionaba. El AK contaba con una red de distribución por todo el mundo, a través de la cual se podían llevar fusiles a cualquier conflicto en cualquier rincón de la tierra, gracias a la gran cantidad de gobiernos que utilizaban o fabricaban el fusil.

En la Guerra Afgano-Soviética los mujaidines utilizaron inicialmente armas tan anticuadas como el fusil “Boer” de la Guerra Anglo-Afgana (el Estado Mayor ruso detalló el armamento de las fuerzas afganas en su relato sobre el conflicto).

El gobierno de Afganistán afín al Kremlin recibió AKs y otras armas del Pacto de Varsovia antes de la guerra. La CIA, saudíes ricos y otros actores interesados en el fracaso de Moscú mantuvieron un flujo constante de entregas de más armas.

De hecho, la guerra volvió el Kalashnikov en contra del propio ejército para el que se hizo. Tras años de lucha fueron miles las armas que entraron en el país y pasaron a convertirse en las herramientas con las que los señores de la guerra instauraron el movimiento Talibán y se dedicaron a hostigar a los estrategas estadounidenses que actualmente pretenden estabilizar Afganistán.

Después de la Guerra Fría el fusil de Kalashnikov no ha dejado de alimentar a guerrilleros, terroristas y delincuentes. Aunque su propio inventor, Kalashnikov, reivindicó que su fusil era un instrumento de liberación, el AK se ve más habitualmente en manos de terroristas o de cárteles mexicanos.

Además suele ser más fácil introducir AKs de contrabando que mover material para fabricar bombas y otros dispositivos destructivos, lo que representa una de las razones por las que este fusil ha sido calificado como la nueva herramienta elegida por los terroristas.

Pero incluso países y actores no estatales han facilitado variantes de AK para alimentar la insurgencia y la violencia en Libia, Ucrania, Mali y otras partes del mundo. En Siria no es extraño que los kurdos, el ISIS y las fuerzas del régimen se apunten entre ellos con las mismas armas.

¿Qué significa todo esto para la política exterior de Estados Unidos? Con Siria y Ucrania en el punto de mira de la diplomacia estadounidense hay una cuestión muy a tener en cuenta que resulta bastante obvia: el envío de armas portátiles a lugares remotos no contribuye positivamente a la política exterior.

Washington tiene poco control sobre dónde acaban estas armas. La decisión de dotar a las unidades de la Policía Nacional Afgana con fusiles húngaros derivados del AK resultó cuando menos problemática. Actualmente están llegando fusiles estadounidenses al mercado negro de la zona. Estas armas, ya sean robadas, abandonadas o de contrabando, contribuyen al mantenimiento de los talibanes, el ISIS y otros grupos.

No existe la certeza de que fuera Washington quien envió directamente las armas que aparecen en el embarazoso vídeo de la frontera sirio-turca. A día de hoy el Pentágono y la CIA respaldan a grupos rebeldes rivales en Siria, lo cual difumina aún más la línea de separación entre los que luchan por la libertad y los terroristas. Washington tiene que volver a valorar los beneficios que le reporta el hecho de inyectar tan libremente armas en diversos conflictos.

En la actual pesadilla siria, la opacidad entre quién es un rebelde por derecho o un terrorista no hace más que complicar este proceso.

Este artículo fue publicado por primera vez en The National Interest.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.

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