La ametralladora de Maxim masacró a cientos de miles de personas

El nuevo arma llegó justo a tiempo para el baño de sangre de la 1ª Guerra Mundial

La ametralladora de Maxim masacró a cientos de miles de personas La ametralladora de Maxim masacró a cientos de miles de personas
A primera hora de la mañana del 25 de octubre de 1893, una columna de 700 soldados de la policía británica sudafricana [British South... La ametralladora de Maxim masacró a cientos de miles de personas

A primera hora de la mañana del 25 de octubre de 1893, una columna de 700 soldados de la policía británica sudafricana [British South Africa Police (BSAP)] estableció su campamento en una posición defensiva a orillas del río Shangani.

Mientras dormían, Lobengula, el rey de la tribu de los Matabele o Ndebele, ordenó un ataque sobre la columna y envió una fuerza de más de 6.000 hombres, algunos armados con lanzas, pero muchos con fusiles Martini-Henry.

Entre sus armas, la columna contaba con varias ametralladoras Maxim. En cuanto un cornetín dio la voz de alarma, las Maxims entraron en acción, y el resultado fue espeluznante.

Los tiradores de Maxim masacraron a más de 1.600 hombres Matabele durante el ataque. En cuanto a la columna británica, únicamente sufrió cuatro bajas mortales.

Los militares británicos no solo comprobaron el éxito de la ametralladora Maxim a juzgar por el número de Matabele muertos en acción, sino que además pudieron comprobar el potencial de la Maxim como arma de guerra psicológica.

Como consecuencia de la masacre varios jefes militares de los Matabele se suicidaron, bien ahorcándose o bien clavándose contra sus lanzas. Así de trascendental fue la ametralladora Maxim.

“Los números redondos resultan sospechosos”, escribió C.J. Shivers en su libro The Gun [el arma], sobre la historia de las armas automáticas. “Pero la cuestión principal es obvia. Unos pocos cientos de hombres con unas cuantas Maxims habían vencido a un rey y su ejército, y destrozado la moral de los jefes enemigos. La empresa de Hiram Maxim no corría peligro”.

Una escuadra británica de ametralladora Maxim que participó en la expedición para liberar Chitral [Chitral Relief Expedition] en 1895. Foto de dominio público.

Una escuadra británica de ametralladora Maxim que participó en la expedición para liberar Chitral [Chitral Relief Expedition] en 1895. Foto de dominio público

 

El invento de Maxim llevó la muerte a escala industrial al campo de batalla. La Maxim es responsable de cambiar para siempre la naturaleza de la guerra más que ningún otro arma desarrollada entre finales del siglo XIX o principios del siglo XX.

La formación de cuadrado británico [British square] y “la delgada línea roja” [the thin red line] de potencia de fuego de infantería en masa finalmente corrió la misma suerte que los dinosaurios. Cuando la ametralladora Maxim abría fuego a una cadencia de 500 disparos por minuto, la táctica de soldados que disparan en línea se convertía en un suicidio.

De ahora en adelante, un infante tendría que correr y zigzaguear, confiando en su capacidad para maniobrar por el fuego y echarse sobre el enemigo, al tiempo que se mantiene con vida.

La historia de la ametralladora Maxim tiene dos capítulos. El primero abarca la etapa en la que fue el arma elegida por los británicos para ayudarles a expandir su imperio a finales del siglo XIX. La desvastación provocada por este arma durante la 1ª Guerra Mundial constituye el segundo capítulo.

Pero para comprender realmente este arma tienes que saber algo de su inventor, un estadounidense que era tanto un empedernido genio como un astuto hombre de negocios.

A Maxim, que nació en Maine en 1840, la inventiva le salía de forma natural. Cuando todavía era un adolescente inventó literalmente la mejor trampa para ratones, una que se reseteaba automáticamente y que libró de roedores a los molinos locales. A los 26 patentó unas planchas rizadoras de pelo, la primera de un total de 271 patentes a su nombre.

Posteriormente, Maxim llegó a ser ingeniero jefe en la empresa de bombillas de Nueva York United States Electric Lighting Co., en la que introdujo los más duraderos filamentos de carbono para bombillas.

Pero buscaba fama y fortuna, especialmente fortuna, así que se fue a Europa.

“En 1882 estuve en Viena, donde me encontré con un estadounidense al que había conocido en los EE.UU.”, escribió Maxim en sus memorias. “Me dijo, ‘¡Deja tu química y tu electricidad a un lado! Si quieres ganar mucho dinero inventa algo que les permita a estos europeos cortarse la garganta unos a otros con mayor facilidad’”.

Buen consejo. En 1884 juntó el retroceso de un proyectil con un mecanismo de cierre empujado por un muelle y un dispositivo de alimentación que introducía en el arma la munición que extraía de una cinta de tela. Las Gatling o Nordenfelt, las armas de cadencia de fuego rápida de la época, eran armas alimentadas por gravedad, accionadas a mano con una manivela, con múltiples cañones, muy propensas a las interrupciones.

Maxim también inventó una pólvora sin humo de combustión más limpia a la que él llamó cordita, la cual ensuciaba el arma mucho menos que la pólvora negra de la época.

Hiram Maxim y la ametralladora de su nombre. Foto de dominio público.

Hiram Maxim y la ametralladora de su nombre. Foto de dominio público

 

La combinación de fuego automático mecanizado y munición más limpió fue revolucionaria. Para 1889 el ejército británico ya había adoptado la ametralladora Maxim. Un año más tarde, los ejércitos de Austria, Alemania, Italia y Rusia también tenían Maxims.

La encarnación de la ametralladora Maxim por antonomasia apareció cuando el inventor se asoció con la empresa británica Vickers Co. El resultado fue una ametralladora con trípode, refrigerada por agua, en calibre .303, alimentada por una cinta de 250 cartuchos.

Llegó justo a tiempo para la 1ª Guerra Mundial. Pero una cosa era acribillar a balazos a “los salvajes”. Muchos generales y estrategas militares dudaban de la eficacia de la ametralladora Maxim, así como otras ametralladoras similares, frente a las tropas de las potencias europeas occidentales.

Todavía abogaban por la carga con bayoneta. “Se ha de inculcar el espíritu de la bayoneta en todos los empleos”, se afirmaba en un manual de infantería, “de forma que avancen con determinación ofensiva y confianza en la superioridad nacida de la práctica continuada, sin la que una carga con bayoneta no resultará eficaz”.

Ni siquiera las evidencias en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904, con sus largos asedios y la guerra de trinchera, espeluznante pronóstico de los horrores que se avecinaban en la 1ª Guerra Mundial, pudo persuadir a los observadores militares de la letalidad de la ametralladora Maxim en el campo de batalla moderno.

“Los observadores comprobaron cómo los rusos y japoneses eran acribillados en masa por el fuego de ametralladora y volvieron a casa para escribir que la ametralladora es un arma enormemente sobrevalorada; parece muy improbable que vaya a ser eficaz frente a soldados europeos entrenados”, escribió James Stokesbury en su libro A Short History of World War I [Una corta historia sobre la 1ª Guerra Mundial]. “Por lo visto no consideraban que los japoneses, o incluso los rusos, estuvieran en esa categoría presuntamente de élite”.

La realidad en el Frente Oeste fue algo bastante diferente. Algunos llamaron a la 1ª Guerra Mundial “la guerra de la ametralladora”, aunque el fuego de artillería solía causar las mayores bajas. Los soldados relataron detalladamente cómo veían a sus compañeros caer como moscas ante el fuego de ametralladora que atravesaba sus posiciones mientras disparaban.

El 1 de julio de 1916, durante la Batalla del Somme, los británicos perdieron 21.000 hombres en solo un día, la gran mayoría a manos de las ametralladoras Spandau, la versión alemana de la Maxim.

Maxim, rico, famoso e investido como caballero por la reina, falleció el 24 de noviembre de ese mismo año en Londres, su hogar desde que se nacionalizó británico.

Pocas semanas después terminó la Batalla del Somme. El resultado fueron más de un millón de muertos, muchos a manos del fuego de ametralladora.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.

  • 100% ad free experience
  • Get our best stories sent to your inbox every day
  • Membership to private Facebook group
Show your support for continued hard hitting content.
Only $19.99 per year and for a limited time, new subscribers receive a FREE War Is Boring T-Shirt!
Become a War is Boring subscriber