El ataque del Estado Islámico sobre la ‘Zona Gris’

WIB politics August 2, 2016 0

La visión de los tiroteos de París en noviembre de 2015. Foto de Colville-Anderson a través de Flickr Los ataques terroristas se dirigen explícitamente al...
La visión de los tiroteos de París en noviembre de 2015. Foto de Colville-Anderson a través de Flickr

Los ataques terroristas se dirigen explícitamente al aprovechamiento de divisiones en sociedades plurales

por KEVIN KNODELL

Los líderes del autoproclamado Estado Islámico dicen que están en guerra con el mundo entero. Su idea es que todos deben someterse o morir. No importa de qué color o religión seas.

Pero en los últimos meses el Daesh, como se le conoce por su acrónimo árabe, ha permanecido a la defensiva. Y, como era de esperar, ha arremetido con una combinación letal de ataques deliberados llevados a cabo por sus redes y lobos solitarios autoradicalizados, alentados por la propaganda del Daesh.

Los terroristas han atacado en París, Estambul, Orlando, Niza, Kabul, Bruselas y Bagdad, y han degollado a un cura en Normandía. Así han suscitado miedo, pánico e ira. Todas estas reacciones emocionales resultan naturales ante cualquier vil ataque violento contra personas inocentes. Pero además se trata precisamente del tipo de reacciones que busca el Daesh.

El grupo terrorista se nutre de la división y la rabia. Abu Bakr Al Baghdadi, el autoproclamado califa de esta secta de la muerte, quiere convertir esto en una guerra entre el Islam y Occidente. Pero no tenemos por qué jugar según sus reglas.

Y no debemos hacerlo.

Poco después del ataque contra Charlie Hebdo en 2015, el Daesh publicó un ensayo en su revista Dabiq titulado “La Extinción de la Zona Gris” [The Extinction of the Gray Zone]. En ese mismo número de su revista se incluían imágenes explícitas de la brutal ejecución del teniente piloto de caza jordano Muath Al Kasasbeh, un musulmán que recientemente había finalizado el Hajj (peregrinación a La Meca) antes de que su avión fuera abatido en Siria.

La “Zona Gris” constituye el nombre que el grupo terrorista atribuye a cualquier lugar donde exista pluralismo y multiculturalismo. Según la ideología apocalíptica del Daesh, una sociedad plural e incluyente resulta repulsiva y ha de ser destruida. Para alcanzar tal objetivo, el grupo terrorista intenta ampliar las diferencias que existen, por definición, en una sociedad plural.

En otras palabras, se trata de una estrategia de la cuña [wedge strategy]. Y en cuanto el Estado islámico logre introducir una cuña suficiente entre musulmanes y no musulmanes, podrá radicalizar y reclutar más fácilmente.

El Daesh está en guerra con Occidente, pero también está en guerra con otros musulmanes que rechacen su teología, que son la mayoría. Este mismo año Dabiq publicó una “lista negra” de destacados musulmanes occidentales para que sean asesinados por los seguidores del Daesh. La lista incluía al diputado por el estado de Minnesota (EE.UU.) Keith Ellison, académicos y varios expertos en la lucha contra el terrorismo.

El grupo terrorista continúa asesinando a más musulmanes, en su conjunto, que personas de cualquier otro grupo, y son combatientes musulmanes locales los que están librando la mayoría de los combates contra los enclaves del Daesh. Y los ataques del grupo terrorista contra espacios multiculturales no se limitan únicamente a Occidente, como pusieron de manifiesto los ataques en Beirut, una de las ciudades más cosmopolitas de Oriente Medio.

Vigilia en Londres organizada por la Fundación Peter Tatchell como homenaje a las víctimas de Orlando en junio de ​​2016. Foto de Alisdare Hickson a través de Flickr

Pero incluso cuando todo el mundo está en su contra, el Daesh sabe que el mundo todavía se encuentra profundamente dividido. En su ensayo sobre la zona gris la revista Dabiq se regodea de cómo el grupo terrorista pretende aprovechar esas divisiones y destruirnos.

“La presencia del [Califato] magnifica el impacto político, social, económico y emocional de cualquier operación llevada a cabo por los muyahidines contra los enfurecidos cruzados”, se afirmaba en ese ensayo.

Este magnificado impacto obliga a los cruzados a destruir activamente la zona gris por sí mismos, la zona en la que se esconden muchos de los hipócritas e innovadores desviados que viven en Occidente… Los musulmanes de los países cruzados se verán obligados a abandonar sus hogares … a medida que los cruzados aumenten la persecución contra los musulmanes que viven en los países occidentales”.

El Daesh quiere que olvidemos las aportaciones de nuestros amigos y vecinos musulmanes. Quieren que nos odiemos y nos temamos entre nosotros. Están presionando para lograr reacciones violentas.

Pretenden que nos olvidemos de Zalmay Khalilzad, el estadounidense de origen afgano y republicano de toda la vida que fue embajador de Irak y Afganistán durante el gobierno de Bush.

Lápida del Sargento Ayman Taha, 5º Regimiento de Operaciones Especiales [5th Special Forces Group]. Foto del Cementerio Nacional de Arlington [Arlington National Cemetery]

Pretenden que nos olvidemos del Sargento Ayman Taha, el economista nacido en Sudán que se hizo boina verde y falleció combatiendo yihadistas en Irak. Pretenden que nos olvidemos de Ahmed Merabet, el policía musulmán francés abatido a tiros por yihadistas cuando intervino en respuesta a los ataques de Charlie Hebdo.

Y sobre todo pretenden que nos olvidemos de que desde el 11S no menos de 54 presuntos o confirmados terroristas yihadistas recibieron la atención de las autoridades como resultado de las primeras informaciones aportadas por los 3'3 millones de ciudadanos estadounidenses musulmanes.

“Hay muchísimos musulmanes estadounidenses patriotas y leales”, le decía Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado estadounidense, al sitio web Huffington Post después del tiroteo de Orlando. “De hecho representan las mejores fuentes de información de las que disponemos para dar con estos lobos solitarios en nuestro país”.

Poco después de la matanza en la sala de fiestas Pulse en Orlando llegaron las informaciones. Ahora sabemos que en 2014 el empresario de Florida Mohammed Malik le dijo al FBI que investigara a Omar Mateen, el tirador de Orlando, después de que Mateen le dijera a Malik que se dedicaba a ver los videos del clérigo musulmán radical Anwar Al Awlaki.

A pesar de las múltiples advertencias tanto de Malik como de varios compañeros de trabajo de Mateen el FBI abandonó la investigación. Mateen acabó con la vida de 49 personas.

La presencia de yihadistas en Occidente es muy real y resulta especialmente preocupante para las comunidades musulmanas en las que tratan de infiltrarse los radicales. “Viven en Occidente, comen en Occidente, se ganan la vida en Occidente, pero odian a Occidente”, decía Ansar Raza, miembro de la campaña de origen canadiense Stop the CrISIS [Detengamos al crISIS], el año pasado en una entrevista para War Is Boring.

Esta campaña antiradicalización fue creada por un grupo de musulmanes canadienses después de que radicales afines al Daesh asesinaran a dos soldados canadienses. No son los únicos. Desde Gran Bretaña hasta Dinamarca existen grupos musulmanes que intentan erradicar la influencia del yihadismo en sus comunidades.

Hemos de reconocer la amenaza del radicalismo yihadista aunque sin exagerarla al mismo tiempo. Negarlo resulta contraproducente y les sirve de poca ayuda a los musulmanes que luchan por contrarrestarla en sus comunidades. Pero exagerarla puede conducir a implementar políticas terribles que no logren resolver el problema, sino que incluso lo empeoren.

Combatir el yihadismo no sólo requiere armas sino también acciones comunitarias, diálogo entre religiones, educación y mucha más cooperación. Esto probablemente dará lugar a conversaciones incómodas, entre todos los implicados, pero conversaciones necesarias.

Y aunque esta lucha no sólo requiere armas, será absolutamente necesario el uso de la fuerza letal, tanto si consiste en aviones de guerra que bombardeen al Daesh para detener la matanza de refugiados en el monte Sinjar, como si consiste en equipos tácticos que respondan a los ataques terroristas.

Cuando hombres armados asesinan a los inocentes, esperanzas y oraciones no van a detenerlos.

No van a dejar de llegar refugiados e inmigrantes. No mientras las guerras, los regímenes opresivos y las sequías continúen obligándoles a abandonar sus hogares, o destruyendo literalmente sus hogares. Cuando lleguen no podemos pretender que todos y cada uno de ellos resulte una víctima totalmente inocente.

Al menos unos pocos serán delincuentes o terroristas y pretender lo contrario es ingenuo. Esa es la realidad que tenemos que afrontar. Pero sugerir la prohibición total de determinados grupos étnicos o religiosos al completo para que se mueran del asco hacinados en campos de refugiados, que históricamente han constituido los principales lugares en los que se cultiva el radicalismo, resulta igualmente miope.

Particularmente si tenemos en cuenta que el Daesh ha acusado en repetidas ocasiones a los refugiados sirios por huir y les dice que Occidente nunca los aceptará. El odio contra los refugiados, muchos de los cuales ya han perdido más de lo que la mayoría de la gente se pueda imaginar, contribuye al discurso que lanza el Daesh sobre la división.

Esto también supondrá una larga lucha. El Daesh no representa simplemente a un grupo, se trata de una idea. Muchos de estos terroristas son alentados, más que dirigidos, por sus líderes en Raqqa. Incluso después de que ejércitos sobre el terreno avancen sobre Mosul y Raqqa, e incluso después de acabar con Baghdadi, la ideología pervivirá.

Exactamente del mismo modo que la muerte de Osama Bin Laden no supuso el fin de la guerra contra Al Qaeda. Cualquier chaval frustrado y cabreado en cualquier parte del mundo con un ordenador portátil puede ser alentado para inmolarse por la causa. Probablemente esta lucha será generacional.

Y, por desgracia, seguramente va a ir a peor antes de ir a mejor. Veremos más ataques, más muerte y perderemos más de nuestros seres queridos y amigos.

No puedo prometer soluciones sencillas y rápidas, y cualquiera que diga lo contrario es un idiota o un mentiroso. Siempre habrá otro Bin Laden. Nunca llegaremos a abolir la violencia, el odio, el terrorismo o la guerra. Sin embargo, podemos elegir cómo responder.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.