Durante tres décadas el Pentágono intentó desarrollar una escopeta de ciencia ficción pero no lo…

July 7, 2015 0

Durante tres décadas el Pentágono intentó desarrollar una escopeta de ciencia ficción pero no lo consiguió Las dudas sobre la finalidad del arma condenaron...

Durante tres décadas el Pentágono intentó desarrollar una escopeta de ciencia ficción pero no lo consiguió

Las dudas sobre la finalidad del arma condenaron el proyecto al fracaso

por JOSEPH TREVITHICK

La escopeta es un arma emblemática que se suele asociar con la molona escopeta de corredera de los videojuegos y las películas de acción. Aunque en la ficción es impresionante, su uso en el mundo real se limita al combate cercano y a la apertura de puertas.

A pesar de sus inconvenientes, existe cierto grado de misticismo en torno a este arma y los soldados todavía la utilizan. La atracción que suscita este arma resulta tan poderosa que el Pentágono ha invertido varias décadas y millones de dólares en mejorar el diseño básico.

A finales de los años 1960, los militares, y algunas empresas privadas, empezaron a juguetear con los prototipos de una “súper escopeta”. Tres décadas después, las dudas sobre la finalidad del arma y su utilidad en el campo de batalla condenaron el proyecto al fracaso.

Las súper escopetas propuestas eran revolucionarias, quizás hasta el extremo.

Desde la 1ª Guerra Mundial, las escopetas han sido un arma habitual en los arsenales militares estadounidenses. En las trincheras, donde el combate podía ser brutal y mano a mano, el corto alcance no era un problema. En la 2ª Guerra Mundial, algunos soldados o infantes de marina, especialmente en el Pacífico, llevaban una escopeta para limpiar bunkers o lanzar emboscadas.

La misma situación persistió tanto en Corea como en Vietnam. Pero a lo largo de los tiempos el Ejército de Tierra y el Cuerpo de Infantería de Marina estadounidenses dotaron con estas armas principalmente a los policías militares en funciones de guardia de seguridad.

“La utilidad de la escopeta en combate ha sido objeto de cierta controversia durante largo tiempo”, escribió Carroll Childers en el número de enero-febrero de 1981 de la revista Infantería. “Desafortunadamente, existe mucho romanticismo sobre su uso”.

Por aquel entonces, Childers era ingeniero en el Naval Surface Warfare Center [Centro de Guerra Naval de Superficie] en Dahlgren, Virginia, además de oficial en la Guardia Nacional del Ejército de Tierra en Virginia. En 1969, Childers empezó a trabajar en lo que esperaba que sería un diseño radicalmente nuevo denominado Special Operations Weapon [arma de operaciones especiales] o SOW.

Childers basó su concepto inicial en las necesidades y comentarios de los equipos SEAL de la Armada y las unidades de reconocimiento de Infantería de Marina. Las características de la escopeta la convertían en un arma atractiva para unidades especiales que normalmente tenían necesidades muy particulares.

Sobre estas líneas, una escopeta estándar Remington Modelo 870 sin cañón que Childers modificó para aceptar cargadores extraíbles. Foto de Joseph Trevithick. En la cabecera, aviadores del Ejército del Aire estadounidense practican con la escopeta. Foto del Ejército del Aire estadounidense

Durante la Guerra de Vietnam, los infantes de marina se quejaron de que las escopetas contemporáneas necesitaban recargarse constantemente durante un combate, no podían darle a nada, y mucho menos matar, de forma fiable incluso a las distancias más modestas y no podían soportar el abuso de una patrulla, según Childers.

El prototipo de la SOW parecía aterrador y primitivo, pero solucionó muchos de estos problemas. El arma era completamente automática y se alimentaba de un cargador extraíble de 10 cartuchos.

Al contrario que los cargadores tubulares fijos de la mayoría de escopetas de la época, el tirador de una SOW no tenía que recargar los cartuchos de uno en uno. Un soldado podía cambiar el tipo de munición (perdigón, bala, postas, etc.) con relativa facilidad.

Además el arma de Childers era compacta en comparación con otras que llevaban los soldados en la jungla vietnamita, al menos en cuanto a longitud. Con sus sencilla culata plegada, o quitada, la SOW era más corta que la escopeta de corredera Remington Modelo 870.

Tres años después de que se iniciara el proyecto, Dahlgren patentó la SOW. Y ese mismo año, Maxwell Atchisson, un infante de marina veterano y diseñador de armas, presentó su Atchisson Assault Shotgun [escopeta de asalto Atchisson].

El arma de Atchisson parecía un fusil M-16 con esteroides, y claramente había recibido las mismas influencias que se tuvieron en cuenta en la SOW. El arma llevaba incorporado un sistema especial de absorción del retroceso que aliviaba considerablemente la sacudida del disparo.

Cuando Washington firmó los acuerdos de paz de París con Viernam del Norte y empezó a retirar tropas del sudeste asiático, cualquier interés en uno u otro diseño se esfumó. En los años venideros, los presupuestos del Pentágono se redujeron por todas partes.

Un prototipo de la SOW. Foto de Joseph Trevithick

Pero al contrario que con muchos otros proyectos, los recortes pos-Vietnam no acabaron con el concepto de la SOW. A finales de la década, el Pentágono emprendió un esfuerzo global por inventar nuevas armas para todos los ejércitos bajo el nombre Joint Service Small Arms Program, también llamado JSSAP [Programa Conjunto de Armas Portátiles].

La nueva oficina de programa declaró que existía la necesidad de una escopeta de combate mejorada que se adaptara a los fines militares.

“Aunque la mayor amenaza está representada por las fuerzas del Pacto de Varsovia en Europa, existe una creciente convicción de que el enfrentamiento militar estadounidense más probable implicará una vez más a países del ‘tercer mundo’”, afirmaba un comunicado del Pentágono en mayo de 1979. “Las escopetas actuales son armas comerciales adaptadas que se adoptaron ante la presión de la emergencia del tiempo de guerra”.

Si estallara otro pequeño conflicto, las tropas estadounidenses se encontrarían exactamente en el mismo aprieto al que se enfrentaron en Vietnam. El Pentágono consideraba que los soldados e infantes de marina que combatieran en zonas urbanas o de densa vegetación necesitaban mejores armas.

El trabajo en Dahlgren llamó la atención del JSSAP. Con la experiencia de Childers, la Armada estadounidense llevó a cabo el desarrollo de la RHINO (Repeating, Handheld, Improved, Non-Rifled Ordnance) [Arma de ánima no rayada, mejorada, portátil, de repetición].

“Yo quería mantener el nombre SOW, pero ese nombre, tratándose de una cerda [en inglés “sow” significa cerda, cerdo hembra], nunca recibió el apoyo de aquellos que se encargaban de conceder los nombres dentro del programa”, escribió Childers en 1982 en una carta para Benjamin Schemmer. “RHINO era un nombre un poco más atractivo”.

Schemmer, editor de la Armed Forces Journal [revista de las Fuerzas Armadas], acababa de publicar un artículo sobre el estado actual del proyecto JSSAP. Childers consideraba que básicamente se había malinterpretado y tergiversado su trabajo.

El Pentágono tenía la esperanza de que el resultado final fuera un arma revolucionaria, sin las limitaciones de las escopetas contemporáneas. Las propuestas financiadas por el JSSAP no sólo hablaban de un nuevo arma, sino también de nuevos proyectiles acompañándola.

Las RHINOs escupirían postas, granadas de alto explosivo, bengalas de señales, botes de gas lacrimógeno y demás. Las tropas utilizarían el arma para cualquier cosa desde el combate casa por casa hasta la guardia de vigilancia.

Las dotaciones de los carros de combate sustituirían sus viejos subfusiles de la era de la 2ª Guerra Mundial por estas nuevas armas. Incluso mejor, el diseño resultante podría sustituir los fusiles de supervivencia existentes.

Pero los planes para desarrollar un arma de fuego tan ambiciosa enseguida se encontraron con problemas. Dos años después de que el JSSAP iniciara el proyecto RHINO, la oficina del programa le cambió el nombre por el de Multipurpose Individual Weapon System [Sistema de Armas Individual Multipropósito].

Un año después de tal decisión, el Pentágono le cambió otra vez el nombre por el de escopeta de combate [Combat Shotgun]. Cada cambio reflejaba un debate interno precisamente sobre lo que se suponía que realmente haría el nuevo arma.

En 1982, el Naval Surface Warfare Center [Centro Naval de Guerra de Superficie] de Crane, Indiana, se hizo cargo de lo que por aquel entonces se vino a llamar el Close Assault Weapon System, o CAWS [Sistema de Armas de Combate Cercano]. Gran parte del sentido original del nuevo arma se fue perdiendo por el camino.

Los requisitos del CAWS se habían dejado ampliamente a un lado con los planes de un arma multipropósito. El desarrollo de munición se centró en intentar fabricar cartuchos de postas que fueran precisos a distancias más largas.

Estos nuevos cartuchos harían que un soldado armado con la escopeta fuera una menor preocupación para sus compañeros en un campo de batalla tradicional. Pero realmente nadie esperaba que nunca un soldado o infante de marina utilizara el arma de ese modo.

“Desde luego yo no querría una escopeta automática”, le dijo el coronel retirado del Ejército de Tierra estadounidense Charles Beckwith, fundador de la Delta Force, a Schemmer en una entrevista para su artículo. “¡Tendría que disponer de cuatro chavales solo para llevar la munición!”.

Un infante de marina estadounidense con una escoopeta M-1014 en sus manos. Foto del Cuerpo de Infantería de Marina estadounidense

Pero quizás lo peor de todo era que toda la cuestión se estaba convirtiendo en una pesadilla política para cualquier implicado.

“Es importante que el JSSAP presente algún avance en el desarrollo [del CAWS] o perderá credibilidad como medio de la investigación y desarrollo”, escribió ese mismo año Ray Thorkildsen, experto en armas del gabinete del Ministro de Defensa.

Thorkildsen pretendía que Crane se diera prisa e hiciera algo. Al descartarse el proyecto original de Childers, las empresas privadas estaban ansiosas por hacerse con el contrato ahora abierto.

AAI y Heckler & Koch tomaron la delantera. Como en el caso de la escopeta de Atchisson, el prototipo de AAI parecía y se manejaba como un fusil de asalto M-16 musculado. Heckler & Koch ofreció un diseño “bullpup” más radical, que llevaba el cargador atrás del todo [los diseños “bullpup” llevan la acción y el cargador en la culata].

A la izquierda, prototipo del CAWS de AAI. Foto de AAI. A la derecha, prototipo del CAWS de H&K-Olin. Foto de H&K

Pan Associates, una empresa mucho más pequeña, pretendía ofrecer un arma de aspecto incluso aún más futurista llamada Jackhammer. Pero el Pentágono exigió que todos los fabricantes acompañaran sus propuestas de una línea de municiones especiales.

A pesar de una queja formal ante la Government Accountability Office [Comisión de Auditoría del Congreso] que retrasó la adjudicación del contrato, Pan abandonó sus intentos por cumplir ese requisito. Atchisson también rechazó la opción de desarrollar nuevos cartuchos y no presentó su escopeta al concurso.

Finalmente, un año después de que Thorkildsen enviara su comunicado, Heckler & Koch, junto con la empresa Olin Corporation, ganó el concurso. El fabricante de armas alemán encargó a Olin que diseñara los nuevos cartuchos completamente metálicos con proyectiles a base de una aleación de tungsteno.

Durante los tres años siguientes, Crane puso a prueba los prototipos. Los nuevos cartuchos de postas eran realmente más precisos y letales, apunta el historiador Kevin Dockery en su libro Special Warfare Special Weapons [Guerra Especial Armas Especiales].

Puesto que los defensores del proyecto cada vez eran más incapaces de explicar quién o por qué utilizaría las armas, el proyecto llegó a su fin. Más de una década después, el JSSAP optó por un arma semiautomática convencional como la nueva escopeta del Pentágono. La Benelli M-1014 todavía no ha sustituido totalmente las envejecidas escopetas de corredera.

Special Warfare Special Weapons; The Arms and Equipment of the UDT and Seals from 1943 to the Present (v1)

Hace cuatro años, el Ejército de Tierra estadounidense también empezó a adquirir escopetas que se acoplaran bajo las carabinas M-4 reglamentarias. Este M-26 Modular Accessory Shotgun System [sistema escopeta accesorio modular M-26] le proporciona a las tropas una opción para la apertura de puertas sin tener que llevar a cuestar un arma completa por separado.

Aún hoy la empresa privada se niega a abandonar la idea de una escopeta automática. A lo largo de los años, muchas empresas adquirieron los derechos sobre el diseño de Atchisson. La surcoreana Daewoo también desarrolló un derivado de esa escopeta.

Pero sin un interés real del Pentágono o de cualquier otra fuerza militar del mundo, esas armas han pasado mucho más tiempo en producciones de Hollywood y en videojuegos que en combate real.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.

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