Ningún fusil pudo superar al M-1 Garand

Fiable, contundente y semi-automático es como ha de ser

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El general George Patton, aquel famoso comandante de la Segunda Guerra Mundial que tenía un ego enorme, llamó al fusil M-1 Garand “el mayor... Ningún fusil pudo superar al M-1 Garand

El general George Patton, aquel famoso comandante de la Segunda Guerra Mundial que tenía un ego enorme, llamó al fusil M-1 Garand “el mayor instrumento de combate que haya existido nunca.”

Alguno podría sorprenderse de que el autopromocionado Patton no se considerara a sí mismo el mayor instrumento de combate que haya existido nunca. Pero Patton sabía una o dos cosas sobre cómo acabar con el enemigo, y sabía que en manos de las tropas aliadas el Garand cumplió con su parte para lograrlo.

En un mundo en el que abundaban los fusiles de cerrojo en ambos bandos de la Segunda Guerra Mundial, el fusil semiautomático accionado por gases M-1 destacó por encima de todos los demás fusiles de la época.

El Garand dispara el contundente calibre .30-06 tan rápido como un soldado pueda presionar el disparador, incluso sobre blancos lejanos. Además dispone de algunas cualidades muy queridas por todos los soldados. Es fácil de limpiar, fiable incluso en las peores condiciones del campo de batalla y muy sólido en su construcción.

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Aunque tanto los alemanes como los soviéticos probaron con fusiles semiautomáticos (el Gewehr 43 y el SVT-40, por ejemplo), ninguno fue tan ampliamente utilizado como el M-1.

Adoptado antes de la Segunda Guerra Mundial, el Garand también entró en combate en Corea así como en Vietnam de forma limitada. Lo que es más, decenas de miles de fusiles M-1 excedentes terminaron por todo el mundo en los arsenales de los aliados de Estados Unidos.

Pero al principio de su desarrollo hubo momentos en los que se tuvieron serias dudas sobre si el M-1 realmente llegaría a funcionar alguna vez. Los problemas de diseño retrasaron su fabricación en serie, y los militares estadounidenses más escépticos todavía adoraban el más que probado fusil de cerrojo M-1903 Springfield.

Pero el M-1 demostró lo que valía con creces y se convirtió en una de las armas más populares que haya existido nunca. “Para las fuerzas estadounidenses el M-1 Garand fue todo un ganador en combate cuya sólida construcción se ganó la gratitud de muchos,” escribieron Chris Bishop y Ian Drury en su libro Combat Guns [armas de combate].

En primer lugar, veamos cómo se pronuncia su nombre correctamente.  John Cantius Garand, el genio de las armas de origen canadiense que diseñó el fusil M-1 que lleva su nombre, pronunciaba su nombre de una manera que rima con “errand,” según el General de División Julian Hatcher, íntimo amigo suyo y experto en armas del Ejército de Tierra estadounidense.

John Garand

John Garand y el fusil de su mismo nombre. Imagen de dominio público.

En 1921 Garand empezó a trabajar como ingeniero en Springfield Armory, donde durante los siguientes 15 años se dedicó a diseñar y perfeccionar un fusil semiautomático para el Ejército de Tierra estadounidense. Aunque en su momento se consideró revolucionario, hoy en día su diseño parece ridículamente sencillo, posiblemente porque constituye la base de muchos otros fusiles semiautomáticos

Construido en torno a  un sistema de carga llamado de clip en bloque [en bloc clip], se tira del cierre del Garand hacia atrás hasta que el elevador del cargador interno del fusil lo retiene y deja la recámara abierta. Entonces se empuja dentro del cargador la chapa metálica del clip en bloque cargado con ocho cartuchos del .30-06 y se libera el cierre hacia delante, el cual arrastra el cartucho superior y lo introduce en la recámara.

Se presiona el disparador y se produce el disparo del primer cartucho. Los gases procedentes de la combustión de la pólvora del cartucho pasan a través de la toma de gases e impulsan hacia atrás la varilla del bloque del cierre que abre la recámara al tiempo que vuelve a amartillar el fusil. Simultáneamente se expulsa la vaina disparada y cuando el bloque del cierre avanza hasta su posición adelantada se introduce un nuevo cartucho en la recámara, de forma que en una fracción de segundo el fusil queda listo para volver a disparar.

Todo eso sucede mucho más rápido que en el caso de un fusil de cerrojo, lo cual supuso que en la Segunda Guerra Mundial los soldados que llevaban el M-1 aprendieran sobre la marcha a administrar una considerable potencia de fuego contra el enemigo. Además el cierre del fusil no era proclive a ensuciarse tan fácilmente con el barro, la suciedad, la nieve o la ceniza volcánica que se podía encontrar en el campo de batalla de Europa y el Pacífico.

“La fiabilidad sigue siendo lo primero para los hombres con los que he hablado,” decía Erik W. Flint, director del Museo del Ejército de la base conjunta de las Fuerzas Armadas estadounidenses Joint Base Lewis-McChord, a War Is Boring [la guerra es aburrida].  “No se sabe de ningún caso en el que un M-1 Garand tuviera una interrupción en combate.”

Flint, teniente coronel de Infantería del Ejército de Tierra estadounidense en la reserva doctorado en Historia, decía que llevó tiempo que el M-1 tuviera aceptación.

Los cadetes del Ejército de Tierra estadounidense disparan con el M-1 Garand en una clase de Historia. Imagen del Ejército de Tierra estadounidense.

Los cadetes del Ejército de Tierra estadounidense disparan con el M-1 Garand en una clase de Historia. Imagen del Ejército de Tierra estadounidense

 
“Muchas unidades opusieron una gran resistencia a la adopción del Garand, especialmente el Cuerpo de Infantería de Marina estadounidense, en el que el M-1903 Springfield había reinado durante décadas,” decía Flint.

“Gran parte de esa resistencia se debió a la creencia en la preponderancia de la precisión frente al volumen de fuego. Entonces se creía que un fusil de cerrojo proporcionaba disparos precisos, mientras que un fusil semiautomático tenía una mala precisión debido a su capacidad para disparar rápidamente cartucho tras cartucho sin la pausa necesaria en un fusil de cerrojo para introducir deliberada y sucesivamente cada cartucho en la recámara.”

Sin embargo, hasta los infantes de marina estadounidenses cambiaron de opinión en cuanto utilizaron el M-1 durante la Batalla de Guadalcanal en 1942-43. El Springfield podría ser un arma más precisa pero, a no ser que fueras un sniper, la cadencia de fuego del M-1 y la capacidad del poderoso cartucho .30-06 para penetrar la espesa vegetación de la selva importaban mucho más que una precisión de competición.

Enseguida todo infante de marina estadounidense que ponía sus manos en un M-1 lo aceptaba con mucho gusto.

Por supuesto, incluso un gran fusil de asalto como el M-1 tiene sus puntos débiles. Pesa mucho, casi 5 kilos. Puede que su punto débil más conocido sea el “ping del M-1.” El fusil expulsa el clip en bloque vacío con un típico y sonoro “¡ping!” tras disparar el último cartucho, lo cual prácticamente advierte al enemigo de que el arma se ha quedado sin munición.

No hay problema: muchos soldados e infantes de marina no tardaron en llevar clips vacíos en los bolsillos para irlos tirando al suelo de vez en cuando. Ese sonido solía ser suficiente para engañar a los soldados enemigos y hacer que asomaran la gaita y entonces ¡zas! se enfrentaban a un M-1 con un cargador lleno.

En cierto modo, los soldados de hoy día todavía utilizan el M-1, decía Flint, a pesar de que fuera paulatinamente retirado del servicio a finales de los años 1950.

“El M-14, que en esencia es un M-1 con un cargador extraíble para 20 cartuchos, se adoptó como sustituto del Garand,” decía.  “A grosso modo se trataba del mismo fusil pero con mayor capacidad en el cargador. El M-14 conservaba la misma fiabilidad que el M-1 al mismo tiempo que pasaba a disparar el nuevo cartucho 7’62 OTAN.”

“Una buena prueba de la fiabilidad del diseño del Garand la da el hecho de que el M-14 todavía se encuentre en uso en las Fuerzas Armadas estadounidenses como fusil de sniper y como fusil de tirador selecto de pelotón [squad designated marksman rifle (SDM-R)].”

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.

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