El Super Glue se utilizó para fabricar aviones y armas nucleares y le salvó la vida a muchos soldados

Este pegamento instantáneo fue un afortunado accidente de la investigación en tiempos de guerra

El Super Glue se utilizó para fabricar aviones y armas nucleares y le salvó la vida a muchos soldados El Super Glue se utilizó para fabricar aviones y armas nucleares y le salvó la vida a muchos soldados
El Super Glue puede pegar casi cualquier cosa. Los modelistas lo utilizan para montar sus miniaturas, y los aficionados al bricolaje confian en él... El Super Glue se utilizó para fabricar aviones y armas nucleares y le salvó la vida a muchos soldados

El Super Glue puede pegar casi cualquier cosa. Los modelistas lo utilizan para montar sus miniaturas, y los aficionados al bricolaje confian en él para solventar rápidamente muchos problemas. Pero el cianoacrilato, que es como se llama la familia química de este pegamento, supuso un gran avance en los adhesivos industriales y su descubrimiento se debe en gran parte a la investigación militar.

Las necesidades de un Gobierno y de sus militares impulsan una innovación inesperada, tan cierto como que por eso existe el cianoacrilato. Este producto químico pasó de plástico experimental a adhesivo industrial y se convirtió en un producto de primeros auxilios con el que tratar a los soldados heridos. Y su historia comienza justo antes de la Segunda Guerra Mundial.

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El padre del Super Glue, Harry Wesley Coover, trabajaba en la empresa Eastman Kodak Company en Rochester, Nueva York (EE.UU.). La famosa empresa de película fotográfica contaba con una larga historia en la investigación militar.

Tras la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, Kodak proporcionó cámaras de fotos y la formación para utilizarlas a los miembros del Signal Corps [Cuerpo de Señales] del Ejército de Tierra estadounidense. La empresa suministraba a la Armada estadounidense el acetato de celulosa que necesitaba para el recubrimiento de sus aeronaves llamado “aircraft dope,” una laca para endurecer e impermeabilizar la superficie de los aviones. El fabricante de celuloide también se abrió camino en la industria de las máscaras de gas al proporcionarle los oculares irrompibles.

Cuando Estados Unidos fue otra vez a la guerra en 1941, Kodak participó con sus esfuerzos. La empresa puso a sus ingenieros ópticos a trabajar en la investigación y desarrollo de dispositivos de visión nocturna y elementos de puntería de precisión para bombas. Al mismo tiempo sus científicos desarrollaban nuevos plásticos y productos químicos para uso militar. Entre ellos se encontraba Coover, que trabajaba en Kodak a la vez que estudiaba para sacarse su licenciatura en la Universidad de Cornell.

En 1942, el equipo de Coover buscaba el plástico transparente perfecto para visores de armas de fuego. Los científicos probaron con varios compuestos diferentes en su búsqueda de un polímero con una claridad óptica que pudiera rivalizar con el cristal.

Al condensar formaldehído y cianoacetato, Coover creó monómeros de cianoacrilato. En presencia de humedad estos monómeros se adherían entre sí rápidamente y formaban largas cadenas de polímero que se endurecían y daban lugar a un plástico transparente.

“Funcionaba, pero nos encontramos con todo tipo de problemas,” decía Coover. “Todo lo que tocaban estos monómeros se quedaba pegado.”

Los visores para armas de fuego fueron un completo desastre, demasiado pegajosos como para ser de utilidad, así que Coover lo apuntó todo y archivó los documentos sobre lo que más tarde se convertiría en un adhesivo instantáneo. Coover no tenía ni idea en aquel momento de que estaba sentado encima de una mina de oro y pasaron nueve años hasta que lo supo.

Sobre estas líneas, cúpulas de aviones de combate (cazas), para las que todavía se utiliza acrílico laminado. En la cabecera, Ranger del Ejército de Tierra estadounidense durante la realización de un ejercicio de adiestramiento con un helicóptero derribado. Fotos del Ministerio de Defensa estadounidense.Sobre estas líneas, cúpulas de aviones de combate (cazas), para las que todavía se utiliza acrílico laminado. En la cabecera, Ranger del Ejército de Tierra estadounidense durante la realización de un ejercicio de adiestramiento con un helicóptero derribado. Fotos del Ministerio de Defensa estadounidense

Resurrección del cianoacrilato

A finales de los años 1930 y a lo largo de los años 1940 las cúpulas de los aviones pasaron del cristal, más pesado, a fabricarse en acrílico. Gracias a que era fácil de moldear y a su mayor resistencia, el acrílico ofrecía a los pilotos una mejor visibilidad que si se utilizaba cristal, que tenía que montarse en trozos sobre un marco opaco para formar la cúpula.

Además los nuevos aviones a reacción necesitaban cúpulas nuevas. Los aviones a reacción, al volar a velocidades mucho más altas que las de los aviones de hélice, necesitaban una cúpula más fuerte, más dura y más resistente al calor.

Todavía en Eastman Kodack pero ahora en su sede de Tennessee, Coover estaba trabajando de nuevo en esta cuestión. El químico dirigía un equipo que experimentaba con polímeros de acrilato con la esperanza de encontrar un plástico ópticamente transparente que pudiera resistir las tensiones del vuelo de un avión a reacción.

Fred Joyner, uno de los compañeros del equipo de Coover, preparó una muestra de los compuestos químicos de una larga lista y el equipo de investigación se dispuso a medir su índice de refracción, el grado en que el material refleja la luz. Joyner colocó cianoacrilato de etilo entre dos prismas muy caros (700 dólares) llamados refractómetros, tomó nota del resultado obtenido y a continuación al ir a separarlos descubrió que no era capaz.

El cianoacrilato había pegado los dos costosos prismas de cristal y ni Joyner ni sus compañeros pudieron encontrar la manera de despegarlos. Entonces Coover se dio cuenta de la importancia del descubrimiento que ya había realizado nueve años antes. “Al principio no me di cuenta de que este material con el que estábamos trabajando no era un material adecuado para visores sino un nuevo adhesivo único en su especie,” le dijo al periódico Chicago Tribune en 1986.

Ahora que había abierto los ojos, Coover tomó una muestra de los monómeros de Joyner y probó a pegar con eso todo lo que pugo encontrar en el laboratorio. El pegamento era instantáneo y muy resistente, más que cualquier otro de los disponibles en aquella época.

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A diferencia de las resinas epoxi y otros adhesivos similares, el cianoacrilato era relativamente fácil de usar. “El cianoacrilato es una sustancia capaz de solidificarse sin necesidad de un disolvente especial, un catalizador,” le dijo Coover al Tribune. “Este líquido se convierte en sólido cuando se aplica y se presiona para que forme una fina película, lo cual facilita que el líquido se mezcle con la humedad que cubre la superficie que se va a pegar.”

Como en la mayoría de superficies se puede encontrar cierta cantidad de humedad, el cianoacrilato era un adhesivo perfecto para pegar cualquier cosa.

Al igual que cualquier inventor de la Era Atómica, Coover presentó su descubrimiento ante la creciente audiencia televisiva estadounidense. En 1959 apareció en el programa televisivo I’ve Got a Secret [Tengo un secreto], ante cuyos telespectadores aplicó una sola gota de Super Glue entre dos cilindros de acero para pegarlos tan fuertemente que pudieran resistir el peso tanto del presentador, Garry Moore, como del propio Coover, al quedar suspendidos sobre el plató del programa unidos a uno de los cilindros de acero sin que se despegara del otro.

Este truco maravilló al público televisivo, pero la empresa Tennessee Eastman no sacó al mercado un producto comercial para el público en general hasta 1973. El Eastman 910, que fue bajo el nombre con el que se comercializó este pegamento, era “muy caro y sólo [estaba] disponible para uso industrial,” le dijo Coover a Moore al final de su aparición televisiva.

Pero incluso aunque ya estuviera disponible en el mercado, el Super Glue no pudo escapar a sus usos militares. Su primera venta fue a la empresa de ingeniería Mason & Hanger. Entre 1956 y 2001, Mason & Hanger dirigió la planta de montaje de armas nucleares de Estados Unidos, la planta Pantex, en las proximidades de Amarillo, Texas. Según Coover, Mason & Hanger utilizó el Super Glue en el montaje de estas armas nucleares.

Pero no fue en los visores para armas de fuego, las cúlpulas de los cazas o las armas nucleares donde el cianoacrilato se demostró como la mayor promesa en su uso militar. En lugar de eso Coover lo veía como un posible avance en medicina, particularmente para tratar heridas de combate.

LandscapeSoldados estadounidense trasladan a un compañero herido a través de un barrizal en Vietnam, 1969. Foto del Ministerio de Defensa estadounidense

Super Glue sobre el campo de batalla

Cualquiera que haya utilizado el Super Glue o alguno de sus competidores sabe lo fácil que resulta que se te queden pegados los dedos. Coover pensó que eso mismo que tanto molestaba a los clientes industriales del cianoacrilato podía revolucionar el tratamiento de heridas. Permitió que se realizara el sueño médico de contar con un procedimiento quirúrgico sin suturas. Se acabaron los puntos y las grapas. Basta con utilizar Super Glue.

En 1960, Tennessee Eastman se asoció con Ethicon, una filial de Johnson & Johnson. Durante más de diez años ambas empresas realizaron estudios en animales y personas sobre cómo se podría utilizar este producto químico en el campo de batalla.

Con el cianoacrilato los cirujanos podían unir venas, arterias e intestinos o cerrar un corte en la piel. Los oftalmólogos podían utilizar este adhesivo para cerrar un corte en el globo ocular, lo cual suponía una mejora considerable respecto a los complicados métodos convencionales. A medida que avanzaban la investigaciones, los beneficios médicos del cianoacrilato parecían ilimitados.

El adhesivo utilizado en estas pruebas no era el mismo que se utilizaba para montar las armas nucleares de Estados Unidos. Las investigaciones de Eastman y Ethicon ya habían determinado que el cianoacrilato utilizado en los adhesivos industriales resultaba tóxico para los tejidos animales y provocaba inflamación, irritación y el aumento de los niveles de formaldehído en el organismo.

Para las aplicaciones médicas los investigadores utilizaron cianoacrilato de cadenas más largas, los cuales mostraron poca o ninguna toxicidad en los ensayos clínicos. Las cadenas más largas de polímeros se solidificaban con mayor rapidez que el adhesivo industrial, lo cual, de forma inesperada, permitió la aplicación médica del Super Glue como agente hemostático.

Un agente hemostático detiene el sangrado incontrolado de una herida. Según Albert Wu, director del Centro de Salud e Investigación [Center for Health Services and Outcomes Research] de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, “en casi cualquier cirugía se puede producir un sangrado incontrolado. En casos extremos, el paciente se puede desangrar.”

En ninguna parte es esto más cierto que en el tratamiento de las heridas de combate.

El Laboratorio de Investigación Biomecánica Médica [Medical Biomechanical Research Laboratory] del Ejército de Tierra estadounidense mostró un gran interés en las investigaciones de Eastman sobre adhesivos para tejidos. Durante los años 1960 aumentó considerablemente el número de soldados estadounidenses que estaban combatiendo en las selvas y las calles de Vietnam.

La guerra hirió o mató al ocho por ciento de los soldados desplegados, muchos de ellos por lesiones muy traumáticas producidas por heridas de bala o metralla.

La evacuación en helicóptero permitió que muchos de estos soldados recibieran atención médica pocos minutos después de resultar heridos. Pero muchos sucumbieron ante hemorragias incontroladas en el pecho o el abdomen antes de que pudieran recibir la atención adecuada.

El Laboratorio de Investigación Biomecánica Médica financió la investigación de la aplicación del cianoacrilato como agente hemostático y desarrolló su propia versión del producto en formato de espray estéril desechable. Otros productos de la competencia tenían que conectarse a una botella de nitrógeno para poder utilizarlos y requerían una limpieza exhaustiva tras cada uso, lo cual no los hacía adecuados para el campo de batalla.

El espray del Ejército de Tierra podía utilizarlo cualquier soldado y suscitó tal confianza en sus posiblidades que en 1966 el Ejército de Tierra estadounidense envió a Vietnam un equipo de personal sanitario especializado dotado y adiestrado en el uso de este espray. Los sanitarios de combate también utilizaron el spray en el campo de batalla para detener hemorragias durante la evacuación de heridos.

El cianoacrilato constituía el último recurso para evitar que los soldados heridos perdieran la vida, y por ello el equipo de personal sanitario del Ejército de Tierra estadounidense no lo utilizó ampliamente, pero cuando lo hizo resultó todo un éxito en la mayoría de los casos.

Chantelle Champagne, de la Universidad de Alberta, analizó la literatura médica disponible sobre el uso del cianoacrilato. El espray de cianoacrilato logró detener con éxito la hemorragia en todos menos en cuatro de 30 casos bien documentados producidos en la guerra de Vietnam. Además de estos casos había muchos otros ejemplos sobre el uso del cianoacrilato en el campo de batalla sobre los que se carecía de la documentación necesaria para llevar a cabo un estudio médico.

super_glue1Super Glue en su formato comercial. Foto de Daniel / Flickr

En el ámbito civil, sin embargo, la agencia estadounidense de medicamentos y seguridad alimentaria [Food and Drug Administration] se mostró escéptica repecto a la seguridad de esta sustancia química. En 1964 Eastman presentó ante la agencia una solicitud para la aprobación de este nuevo medicamento, sin saber que eso le iba a llevar 30 años de batalla burocrática antes de poder poner su producto a disposición de los cirujanos estadounidenses.

“Los científicos de la agencia estadounidense de medicamentos y seguridad alimentaria aplicaron enormes cantidades de Super Glue en ratas, lo que les provocó tumores, algunos de ellos malignos. Casi cualquier cosa en cantidades tan enormes podría provocar un tumor,” dijo Coover al periódico Chicago Tribune.El inventor consideraba que las pruebas realizadas por la agencia no representaban el tipo de uso del cianoacrilato que su equipo planteaba, una pequeña cantidad localizada de cianoacrilato para pegar tejidos que desaparecería del organismo en unos 14 días.

Dado que la burocracia estadounidense se tomaba demasiadas precauciones, Japón, Austria, Alemania y Canadá, entre otros, realizaron sus propios ensayos clínicos en los años 1960 y 1970. Japón aprobó los adhesivos de cianoacrilato para tejidos en 1963 y Alemania le siguió en 1968. La agencia estadounidense no cedió ante los contundentes resultados de las investigaciones y las experiencias internacionales hasta 1998, cuando finalmente clasificó el cianoacrilato como un producto sanitario de uso tópico.

El cianoacrilato continúa formando parte de los botiquines civiles y militares por todo el mundo como adhesivo para tejidos. Sin embargo, las propiedades hemostáticas del cianoacrilato que resultaron tan útiles en Vietnam, han quedado ensombrecidas últimamente por las soluciones de acción rápida biológicamente neutras que utilizan el quitosano o chitosán (Celox, HemCon) o el caolín (QuikClot) como principio activo.

Pero el Super Glue merece todo el crédito que es debido. El descubrimiento de Cooper y su carácter polivalente demuestran cómo el ámbito militar puede generar innovación en el sector privado. Sin la implicación de Kodak en la economía de guerra estadounidense el mundo se habría quedado sin muchos modelos de aviones y con muchos jarrones sin pegar, por no hablar de que habrían fallecido muchos más soldados en Vietnam.

Traducido por Jorge Tierno Rey, autor de El Blog de Tiro Táctico.